“La mujer que decide abortar no ejerce la verdadera libertad”

// Julio 8th, 2009 // General

El impacto del aborto. Ponencia de Pilar Muñoz en el IV Congreso eCiudadanos, de HazteOir.org.

En primer lugar, agradecer su presencia, su interés y su atención a un contenido que supone un pasaje trascendental de nuestra actualidad y de nuestro contexto socio-emocional.

Ante la aberrante ley pro-abortista, al hombre actual se le plantean dos interrogantes: ¿Qué te parece? y ¿Si quieres hacer algo desde el compromiso y el anonimato?. Ambas preguntas corresponden a las dimensiones más características del hombre: la inteligencia y la libertad.

Intentaré reflexionar con ustedes cómo esta situación de política y educación social pretende algo tan antiguo como la persuasión comunicativa, y con esta ley, es un nuevo paso más: el lavado del cerebro, o como dicen los orientales, el lavado del corazón.

¿Qué significa impacto del aborto en la mujer?. Significa, desde el punto de vista psíquico, emocional y humanista, la afectación de la mujer al caer en una tentación, en un engaño, en un espejismo, que ha sido diseñado desde mesas, despachos, organizaciones feministas o planteamientos supuestamente liberadores. O mucho más sencillo aún, desde una planificación consumista, cruel y despiadada.

La ley, y ciertos políticos, aluden al “colectivo femenino”. Esta es una de las primeras trampas, puesto que supone un sesgo perceptivo, y una falacia numérica. El anumerismo al que nos vemos sometidos: cifras de mujeres que abortan, número de niños abortados, son cifras que engañosamente generan posiciones político-emocionales. Yo pretendo situar el impacto del aborto, desde la individualidad. Dios sólo sabe contar hasta uno, y nosotros hemos de seguir este camino algebraico. Sólo desde la individualidad podremos observar el verdadero y auténtico calado de exterminar al hijo concebido, anulando los vínculos filogenéticos de crianza y apego, desvirtuando los roles del género y la sexualidad. Sólo desde la individualidad se perfila la locura de especie, mientras que desde lo colectivo, se desfigura la percepción al servicio de una matemática engañosa. El Dr. Paulos dice que el ser humano calcula fatal cuando se trata de cifras socio-políticas que pretenden engaños perceptivos y creencias falaces. Ejemplo de todo esto, es la interpretación que hacen los políticos de las cifras post-electorales. ¡Todos han ganado¡

Vayamos pues a la individualidad y comprobemos cuánto y cómo afectan determinadas decisiones a una mujer, a cualquiera que tome la decisión de eliminar a la vida que alberga.

La toma de decisión pasa por una triada secuenciada correctamente: el pensar, el sentir y el actuar. O el saber, el querer y el poder.

La corteza prefrontal nos permite analizar, reflexionar, asociar y codificar mediante el lenguaje una serie de emociones que son transformadas en sentimientos, y éstos pasan por la criba reflexiva y por ende, cortical, para finalmente acceder al cerebro límbico o emocional. Ambas partes del cerebro deben funcionar en correcta comunicación, si alguna está desconectada de la otra, caeremos en un cerebro enfermo, con la consiguiente lectura sociopática para el individuo que lo padece. En la actualidad, al reaccionar desde los impulsos o apetencias, se organiza la conducta sólo desde la corticalidad más arcaica o involucionada, la que exige poco esfuerzo interpretativo de la realidad, la más característica de la infancia: la apetencia. Sin apenas conexión con otras funcionalidades superiores: reflexividad y la memoria emocional. De esta forma se está lentamente configurando un nuevo ser cortical, con unas funcionalidades supradesarrolladas, y otras, las más humanas, en significativo hipo-funcionamiento.

Todos los días tomamos decisiones, pero no todas tienen el mismo peso y trascendencia para la mujer: una toma de decisión característica es el vestuario, la dieta, la elección de una pareja, y por supuesto su maternidad. Cada una de ellas tiene un trabajo neuronal muy diferenciado en tiempos y espacios.

Diferenciamos entre emoción y sentimiento, el primero es muy arcaico y pertenece a una topología inferior, puesto que se refiere a respuestas puramente fisiológicas: miedo, risa, llanto. Es decir, es una respuesta ante un estímulo externo o interno. El conjunto de emociones componen los sentimientos, los cuales comparten áreas neuronales de implicación sináptica: procesan información: comprenden, internalizan, asocian, acomodan, hacen inferencias, reflexionan y, por último constituyen la personalidad de la mujer.

Para aprender y recordar hemos de poseer sentimientos, mientras que obtendremos una memoria débil y sensorial, si sólo procesamos emociones. El sueño de un verdugo social es que la mujer tome decisiones sólo desde lo emotivo, no desde los sentimientos. Si la toma de decisiones está basada sólo, en un acto impulsivo frente al reflexivo, generará una emoción y por lo tanto la huella en la memoria será menos duradera, que si respondiera a un esquema sentimental-cortical. El conjunto de estímulo, reacción corporal e ideas genera un sentimiento duradero.

Bien, según esta realidad neurocientífica, obtenemos una constelación social pulsional, infantilizada y mutilada en la secuencia más humana. Se vulnera el pensar, facilitando el sentir como previo al actuar, o dicho de otro modo, se quiere y se puede, pero se ignora el saber. En definitiva, las emociones pertenecen al cuerpo, mientras que los sentimientos a la mente. Cuando se produce esta disonancia, la mujer entra en un estado de desequilibrio o desajuste psíquico, difuso, pero intenso. Se rompe la armonía del comportamiento, y se facilita la entrada a lo patológico.

Según el profesor Damasio, para tener sentimientos, tenemos que ser conscientes de uno mismo, o tener conexión con la conciencia individual. Este aspecto humano también ha sido objeto de su disolución, albergando un nuevo término menos implicado en el autocontrol emocional y en la autocensura moral, el término escurridizo es “la intimidad”. La realidad es que todos tenemos conciencia y sentimientos, sólo que el contexto político quiere persuadir de su existencia y funcionalidad, lo cual es una aberración evolutiva.

La emotividad de la mujer y el mundo de los sentimientos femeninos difiere significativamente del varón (Alberoni y Cols), suponiendo mayor latencia en cuanto a disposiciones sensoriales, sensuales y relacionales. La emotividad del hombre es puntual e intensa, mientras que la de la mujer es mesetaria y con proyección en el tiempo. Este desfase en el sistema límbico explica la funcionalidad de especie progenitora: el hombre garantiza la fortaleza, mientras la mujer perpetúa la especie y es el sostén de la progenie. Cuando esta realidad neuropsicológica se altera, por invasión de mensaje distorsionado, o simples modas pasajeras, entonces se producen múltiples neurosis noogenas, cuya causalidad es exógena. Esta patología femenina, nueva, tiene su razón en el gusto de algunos políticos, al querer influir en los principios morales y fisiológicos de los ciudadanos.

El sentimiento es la lectura mental, el evaluador de lo que ocurre en el cuerpo. Cuando una mujer aborta, desde la emoción- pulsión, la desconexión sentimental, cortical, pasa factura mediante mayores o menores desequilibrios, puesto que la conciencia sí es sabedora de la ruptura acontecida entre el todo que es la persona.

Si nos extirpan los sentimientos en aras de una toma de decisión impuesta, mediante comunicaciones persuasivas de agentes de cambio en el poder, nos dejarán desarmados ante las decisiones verdaderamente libres, ante la convivencia y la supervivencia. No sólo está en juego la vida del nasciturus, sino la vida de la madre y de su entorno, puesto que al eliminar los sentimientos, se eliminan otros sentimientos complejos como la solidaridad, la empatía o la repugnancia y la tristeza.

Este primer análisis, desde el punto de vista neurocientífico, queda incompleto, si no lo complementamos con datos de psicología evolutiva, psicodinámica y fenomenológica. ¿Qué subyace en la conducta abortiva?

Las propuestas vanguardistas, liberales, feministas, antinatalistas, lobbys gays y otras instituciones, manejan una realidad incuestionable del hombre: la sed de deseos. La no regulación y gestión propia de los mismos, nos lleva a engancharlos y canalizarlos de mala manera.

La crueldad y realidad del aborto se enlaza con el deseo, pulsión de una tentación, y por lo tanto un engaño, una trampa: hipotética libertad, ejercicio de responsabilidad, autonomía fisiológica y sexualidad libre de consecuencias.

El lenguaje está hecho para darnos acceso a la realidad, pero también lo adulteramos para que la realidad fea y malvada se presente engañosa y mágica. Se habla del antes del acto abortivo, se habla de los beneficios hipotéticos previos en la toma de decisión, se habla de un futuro para esa mujer idealizado, pero se omite el post-aborto, se ignora la realidad sentimental y orgánica de la mujer que aborta en su tiempo futuro. Todavía no se ha inventado el lenguaje mágico, porque la realidad que se constata es dolorosa, es real, es contrastada y, por lo tanto, es silenciada. Se hablan de datos clínicos de mujeres que han practicado el aborto, pero no se ha hecho un seguimiento psíquico de esas mismas mujeres.

En el territorio freudiano nos encontramos una magnífica observación de la dinámica humana. Freud no es un pansexualista, eso ha sido una interpretación demasiado simplona. Freud observó magníficamente bien el proceso madurativo del ser humano, y su relación con enfermedades tan comunes en la actualidad como: la depresión, la neurosis, la psicosis o cualquier alteración o disolución del yo maduro.

¿Por qué acudir a Frued en el tema del aborto?, porque él se aproxima al ser humano desde una perspectiva dinámica, en proceso, en crecimiento y con vectorialidad de maduración. La toma de decisión abortiva es una perspectiva estática, en la que se sitúa la mujer ante un camino de involución y regresión a estadios de inmadurez y pulsiones reprimidas. Explicaremos todos estos conceptos, que tan hábilmente han defendido posiciones sociopolíticas partidarias de tal despropósito legislativo.

El primer deseo que tiene el hombre al nacer es la satisfacción del instinto de conservación. Esto es lo que llama Freud “la líbido”, este concepto es una energía dinámica humana y con una irrenunciable dimensión sexual evolucionada y madura.

La mujer, por tanto, se expresa con todo su ser sexual, y no sólo genital, este concepto es el único contenido de la ideología llamada de género. La líbido está presente en todo ser humano como energía vital y en evolución, no en involución o parcelada en lo estrictamente genital.

La líbido no está programada, está por hacerse, tiene que evolucionar y madurar para que así el sujeto pueda alcanzar un equilibrio y armonía entre sus pulsiones primarias y la integración de la norma establecida o “superyo”.

Las tres expresiones de la líbido que pueden facilitar o entorpecer el crecimiento ordenado de la mujer o el hombre son tres:

A).- La directa-libre; expresada en la actividad puramente genital. En una sociedad como la nuestra, fuertemente sexualizada y erotizada, se estimula masivamente a esta primera y arcaica fase del crecimiento sexual. Es el primer paso para una toma de decisión incorrecta, y que la mujer moderna se atrinchera en esta fase como logro social, desconociendo que es un anclaje patológico que le impide su maduración como persona.

B).-La represión; concepto peligrosamente utilizado y manipulado según fines políticos. Reprimir no es decir no a nada. Reprimir es no afrontar, es dar la espalda a algo, y por lo tanto relegarlo al inconsciente. Lugar inaccesible para la lógica, pero muy sensible para aflorar dolor y sufrimiento al ser. La represión es el antídoto de la libertad. Podemos inferir que el no afrontamiento de una nueva vida, el dar la espalda a una consecuencia de un acto sexual es un acto doblemente peligroso: no se ejerce la verdadera libertad, y se posibilita la entrada a una disfunción emocional de consecuencias imprevisibles.

C).- La sublimación. Es la fase de canalización de la líbido. Es dar contenido a esa energía vital, es afrontar el crecimiento fisiológico y emocional del ser. Esta fase tiene poco que ver con lo estrictamente genital. Cuando la mujer sublima la líbido, ejerce la libertad, sublima la sexualidad y se aleja de una genitalidad directa o una represión de su yo profundo.

La líbido que propone este sistema capitalista, hedonista, consumista, narcisista e individualista es la expresada sólo en la genitalidad, la cual está llamada a extinguirse en la satisfacción. (de ahí la recurrencia de abortos, demandas de píldoras abortivas, existencia de abortorios…). Para crear lazos duraderos con nuestro yo armónico, hemos de sublimar nuestra sexualidad encauzándola en el no hartazgo, sino engarzándola con tendencias coartadas en su fin (ternura, empatía, solidaridad, compromiso, responsabilidad y libertad).

Las fases según la psicología evolutiva para alcanzar la madurez, y que coinciden con las expresiones de la líbido propuestas pro Freud son igualmente tres:

1.-Fase infantil. La niña es pura vectorialidad centrífuga. Sólo existe el yo agrandado por las múltiples necesidades que tiene de protección, vigilancia y cuidado. Es una fase absolutamente necesaria para cubrir adecuadamente los sentimientos de la adulta futura.

2.-Fase adolescente. Momento de turbulencia y conflicto entre el yo narcisista e individualista y el yo social, normado y descentrado en el colectivo de iguales. Si la primera fase no ha sido bien cubierta, en atenciones y limitaciones, es el momento de aflorar los caprichos, que no son ni más ni menos que deseos fuera de contexto y lugar.

3.-Fase de madurez. La niña, ya es una mujer, la vectorialidad vital debe ser centrípeta. Los deseos pulsionales están cubiertos, su sexualidad ha de estar sublimada, y sus caprichos han de ser inexistentes. Si en esta fase aparecen estados o rasgos de las anteriores entonces no podemos hablar de madurez, por mucho que la edad cronológica se empeñe en lo contrario.

La culminación de lo que dinamiza al ser humano y que empieza por las pulsiones, acaba en una búsqueda de lo espiritual. Culmina con el ejercicio del principio de realidad frente al principio del placer, el cual lleva consigo involución, inmadurez y sufrimiento para la persona.

Estas fases tan contundentes, tan estrictamente rigurosas, se van al traste en la actualidad, en las sociedades opulentas y decadentes, puesto que lo estimulado y ahora, legislado, es el principio del placer, frente al principio de realidad.

El principio del placer es una involución en la especie. Está basado en un presente continuo, un estímulo y una respuesta. No contempla el pasado, y no se proyecta en el futuro. Esta quietud temporal es propia de los infantes, no de los adultos. El acto adulto está regido por la libertad, la cual se sitúa en el principio de realidad presente, engarzada con el pasado y puenteando al futuro.

La mujer que decide abortar no ejerce la verdadera libertad. Sólo reprime una consecuencia de un acto genital presente. No tiene en cuenta un pasado personal o relacional, y da la espalda a un futuro negado a ella y a otro ser. Perpetuando un círculo patológico en su sistema psíquico y una disonancia cognitiva permanente.

Por último recordar las palabras del dominico P. Radclieff “Nuestra actuación tiene que ser guiada no por la esperanza de tener éxito, sino por la certeza de que la tarea tiene sentido”.

LOS SÍNTOMAS EMOCIONALES OBSERVADOS EN TODA LA POBLACIÓN FEMENINA AFECTADA POR EL SÍNDROME POST-ABORTO SON LOS SIGUIENTES:

1. ANSIEDAD, NERVIOSISMO Y PREOCUPACIÓN GENERALIZADA. Sensación de desasosiego y parloteo mental continuado.
2. PÁNICO. Episodios de miedo intenso al devenir orgánico, psíquico o social que pudiera devenir tras el suceso trastornador.
3. TURBACIÓN. Percepción alterada de las relaciones sociales, aflora el sentimiento de culpa.
4. TIMIDEZ O SOBRESOCIABILIDAD. Mecanismos de defensa ante el grupo de pertenencia.
5. SOLEDAD. Vivencia íntima y profunda del suceso traumático, sensación de vacío existencial.
6. DEPRESIÓN. Desaparición momentánea de ilusiones o metas reales. Alteración del proceso vital inmediato.
7. DESESPERANZA. Pensamientos persistentes de culpa e inadaptación social.
8. CULPA. Vivencia internalizada de haber transgredido los valores sociales.
9. VERGÜENZA. Sentimiento de ocultación de un yo fracasado o débil.
10. INFERIORIDAD. La mujer se percibe en otro plano distinto del resto de sus iguales, con fuerte carga emocional negativa.
11. FRUSTRACIÓN. El umbral de aceptación de los fallos o errores ha disminuido, se vuelve más sensible a la lucha y la competencia social.
12. IRA. Fuertes tendencias de rabia contenida con el resto de la sociedad, inculpándolos del desastre personal.
13. SENTIMIENTOS DE ESTAR ATRAPADA. No se percibe con nitidez y voluntad el camino vital, se está a merced de las circunstancias, siempre con la eterna deuda con el entorno social y con la esfera personal.

TIPOLOGÍA DE MUJERES ABORTISTAS.

Tres son los grupos que podríamos establecer en cuanto a vivencias y expresión sintomatológica del suceso trastornador.

I.- MUJER ADOLESCENTE Y PRIMERA JUVENTUD. La experiencia le marca para sus futuras relaciones afectivas y personales, pero está envuelta en un endogrupo de poder, su cerebro está ajardinado con una cultura imperante que le amortigua el dolor y sufrimiento, y a la vez le envuelve con un sinfín de nuevos deseos y pulsiones. Este grupo habría que seguirle los pasos a nivel de evolución psíquica y madurez personal.

II.-MUJER MADURA. Suele tomar la decisión desde un ejercicio mayor de libertad y corticalidad, aunque su propósito casi siempre es debido a una incorrecta escala de valores o a una inmadurez afectiva: promiscuidad, infidelidad, desliz no planificado y postergado a otros bienes materiales y sociales.

III. MUJERES CON UNA BIOGRAFÍA TRAUMÁTICA. Niñas sufridoras de abusos sexuales en la infancia, o víctimas de malos tratos, Son las más vulnerables y el grupo que se presenta con mayores dificultades de recuperación total, puesto que se juntan dos traumas contundentes y pesados para su biografía futura.

2 Responses to ““La mujer que decide abortar no ejerce la verdadera libertad””

  1. Luigi dice:

    En el anterior texto hay expresiones afortunadas, como ésta:

    “anulando los vínculos filogenéticos de crianza y apego”

    En efecto, aun el más ateo de todos los ateos debe ser antiaborto simplemente por reconocer que tiene una tendencia filogenética a proteger a los cachorros de su especie.

    Este otro párrafo también es bueno:

    “No sólo está en juego la vida del nasciturus, sino la vida de la madre y de su entorno, puesto que al eliminar los sentimientos, se eliminan otros sentimientos complejos como la solidaridad, la empatía o la repugnancia y la tristeza.”

    De hecho, decir que el aborto es un “derecho femenino” es formar psicópatas nazis. La mujer que aborte debe tener derecho a ir a prisión para recibir su adecuado tratamiento de reinserción social, como ocurre con los violadores u otras personas que agreden al prójimo.

    Esto ya no me gustó tanto:

    “Las propuestas vanguardistas, liberales, feministas, antinatalistas, lobbys gays y otras instituciones, manejan una realidad incuestionable del hombre: la sed de deseos”

    La anticoncepción es una buena medida para evitar abortos, y en cuanto a los gays, no hay que antagonizarlos, sino convencerlos de que homofobia y fetofobia son situaciones parecidas.

  2. Luna dice:

    Una muy buena exposición, completa y sin posible refutación. Hay otras realidades que se olvidan, como es el caso de hijos que descubren que su madre abortó a un hermano suyo y quedan marcados para toda la vida, maridos que se encuentran con un aborto en contra de su voluntad (a veces, de su conocimiento), infartos y otras enfermedades de los abuelos al conocer la noticia…
    Desde luego, el aborto no arregla nada.